El centro de Bangkok se convirtió en un centro de batalla, cuando soldados irrumpieron en la zona en la que acampaban manifestantes, lo que propició el rendimiento de los líderes opositores.
La detención de los dirigentes despertó la furia de los manifestantes, que dispararon granadas y prendieron fuego, cubriendo el cielo de la capital en una nube de humo negro.
Manifestantes encendieron las llamas en la Bolsa de Valores de Tailandia, varios bancos, la sede de la Autoridad Metropolitana de Electricidad, un lujoso centro comercial llamado Central World y un cine, que colapsó.
El gobierno tailandés declaró un toque de queda de 8:00 p.m. a 6:00 a.m. en Bangkok. Un anuncio firmado por el primer ministro Abhisit Vejjajiva y transmitido por televisión señaló que no se permite que nadie en la capital salga de su casa durante el toque de queda.
Al menos dos manifestantes y un fotoperiodista italiano murieron en la operación militar que irrumpió en la zona en la que acampaban los opositores tras barricadas. Tres otros periodistas extranjeros y 15 tailandeses resultaron heridos en el enfrentamiento.
Un periodista canadiense resultó lesionado por una granada. Más temprano, otro reportero holandés y un documentalista estadounidense también fueron heridos.
Los Camisas Rojas demandan la salida del presidente, la disolución del Parlamento y nuevas elecciones. Siete de sus principales líderes se entregaron a las autoridades el miércoles en la tarde (hora local) y el ejército declaró que tenía el control total de la ciudad, pero nuevamente se disparó la violencia en el centro de Bangkok.
Los manifestantes también atacaron un medio local, que acusan de tener una cobertura parcializada a favor del gobierno.
El vocero del Ejército, el coronel Sansern Kawekamnerd, dijo en una rueda de prensa el miércoles que el ejército había ganado acceso al distrito comercial Rajprasong, ocupado por los manifestantes desde mediados de abril. Agregó que los soldados completaro el operativo.
Al rendirse, los dirigentes Camisas Rojas dijeron que no podían soportar que sus seguidores siguieran muriendo.
“Hermanos y hermanas, lamento no poder despedirlos como los recibí a todos cuando llegaron”, dijo Nattawut Saikua, uno de los líderes, al ser arrestado. “Por favor, regresen a casa”. (Con información de AP)



